Entre recuerdos de infancia y palabras que tocaron fibras sensibles, el alcalde anunció una medida que cambiará el rostro de las fiestas patronales: ningún comerciante local pagará por vender, y todos tendrán prioridad.
El discurso se transformó en un relato de vida. Habló de manos cansadas, de madrugadas cocinando, de ventas que significaban el sustento diario. “Yo también le pedía a Dios que llegaran los clientes… y que no llegaran los inspectores”, confesó.
Con esa experiencia, afirmó que su gobierno no repetirá errores del pasado. “No más abusos, no más humillaciones. Aquí el comerciante se respeta”, dijo con firmeza.
La decisión busca devolverle a las fiestas su esencia, ser un espacio de comunidad, donde el esfuerzo de cada familia tenga recompensa. “El dinero que ganan es para sus hijos, para su casa, no para el gobierno”, expresó.

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